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20. Iyar 5786

בס”ד

El séptimo y el último día de Pésaj

¿Sabías?

  • El éxodo de Egipto es el acontecimiento que más veces figura en la Torá; es mencionado cincuenta veces. También lo recordamos en los rezos diarios, y además está referido en los pergaminos que contienen los Tefilín (las filacterias).
  • Las diez plagas que Dios trajo sobre los egipcios emergieron de “los cuatro elementos básicos de la materia”: el agua, la tierra, el aire y el fuego. Esto sirvió para mostrar que toda la existencia deriva y es manejada por el Creador.
  • En la fiesta de Pésaj se acostumbra leer y estudiar la Meguilá de Shir Hashirim, “el Cantar de los Cantares”.
  • El mar Rojo se abrió en doce túneles, uno para cada Tribu de Israel.

El séptimo y el último día de Pésaj

En la madrugada del séptimo día de Pésaj ocurrió la partición del Yam Suf, el mar Rojo (o mar de los Juncos), y el hundimiento del ejército egipcio. Por la mañana, cuando el pueblo de Israel vio a sus esclavizadores y enemigos muertos en la orilla del mar, entonaron la Shirat hayam, el Cántico del mar. 

En este día es una segulá rezar por todas las cosas difíciles de lograr y conseguir. “El sustento de la persona es tan difícil de conseguir, como la partición del mar Rojo” (Pesajim 118a). “A la persona le es tan difícil encontrar su pareja, como la partición del mar Rojo” (Sotá 2b). Por todo hay que pedir a Hashem: por hijos, por un parto fácil, por el sustento, por buena salud, etc.

¿Y cuándo deberíamos rezar? Cualquier momento del día es bueno para una plegara sincera. Pero especialmente podemos aconsejar recitar el “Cántico del mar” a la medianoche, a la madrugada, o temprano por la mañana, y luego formular nuestros pedidos personales. Al hacerlo, debemos “sentir el ruido de las aguas” e imaginar que estamos vivenciando el milagro de la salvación como lo vivieron los hijos de Israel al cruzar el mar.

El octavo día de Pésaj –en los países de la diáspora– debe ser aprovechado para ahondar aún más en los milagros de la salida de Egipto y en las maravillas de la salvación en el mar Rojo.

La partición del mar Rojo

Pregunta

¿Cuál fue el número de soldados que el Faraón tomó para luchar contra el pueblo de Israel?

Respuesta

El Faraón pensó que el número de los hijos de Israel sumaba 3.000.000 de hombres. De hecho, ese no era es su verdadero número, pues en la plaga de la oscuridad murieron por lo menos cuatro quintos del pueblo de Israel, y sólo quedaron 600.000 hombres que salieron de Egipto.

Sin embargo, el Faraón pensó que debía movilizar un gran ejército, con un gran número de soldados, de modo tal que cuente con 300 soldados heroicos para hacer frente a cada hombre de Israel. “De esa forma no podrán escapar de mí”, pensó. ¡Por eso el Faraón salió a la guerra con un ejército de 900 millones de soldados!

(Véase Midrash Yalkut Shimoní, Shemot 14, cap. 230, y el Zait Raanán allí; y Rabenu Bejayé en Shemot 13:18)

Pregunta

¿Qué milagros ocurrieron en la partición del mar Rojo?

Respuesta

(a) Las aguas se abrieron. (b) El mar tomó la forma de una tienda, y los israelitas entraron en ella. (c) Para los judíos, el fondo del mar se secó por completo, sin que quede arcilla ni barro. (d) Para los egipcios, el fondo del mar se convirtió en barro y arcilla, apenas pisaron allí. (e) Los hijos de Israel pudieron beber agua dulce del mar Rojo. (f) El agua que quedaba después de que ellos bebían, se congelaba. (g) El agua congelada tomó la forma de rocas, y en las profundidades del mar tomó la forma de pequeños ladrillos ordenados en hileras. (h) El mar se dividió en doce partes, para que cada Tribu pasara por su propio camino. (i) El agua era transparente y cada Tribu podía ver a la Tribu de al lado.

Pregunta

¿Qué hicieron los egipcios para no ahogarse en el mar?

Respuesta

Los egipcios comenzaron a hacer brujerías y a salir del mar. Pero el mar dijo: “Si Dios los entregó en mis manos, ¿cómo he de dejarlos escapar?”. E inmediatamente el agua corrió detrás de cada egipcio que salió y lo llevó nuevamente al mar.

En Egipto había dos grandes hechiceros: Yojani y Mamré. Ellos se hicieron alas con su magia, y flotaron en el aire hasta llegar a las alturas. Entonces dijo el Santo, bendito sea, al ángel Mijael: “¡Castígalos!”, y los agarró de su cabello y los golpeó contra la superficie del agua. (Midrash Abkir; Yalkut Shimoní, capítulo 235)

Pregunta

¿Quién quedó de todos los millones de egipcios que vinieron a luchar contra el pueblo de Israel en el mar?

Respuesta

No quedo nadie, excepto el Faraón mismo, que cuando al comienzo se estaba ahogando en el mar, escuchó al pueblo de Israel cantar la Shirat Hayam, “el Cantico del mar”.

En ese momento, él levantó su dedo hacia el cielo y dijo: “¡Creo en Ti! ¡Tú eres el tzadik, el justo , y yo y mi pueblo somos los malvados! ¡No hay otro Dios en el mundo más que Tú!”

Entonces bajó el ángel Gabriel, arrojó una cadena de hierro sobre su cuello, y le dijo: “¡Malvado! ¡En el pasado dijiste (Shemot 5:2): ‘¿Quién es Hashem, para que acepte lo que me dice?’! ¿Y ahora nuevamente dices (v. Shemot 9:27): ‘Hashem es el justo’?”

Lo bajó a las profundidades del mar, y lo mantuvo ahí durante cincuenta días, para que reconociera las maravillas del Creador, y luego lo regresó a la tierra seca.

Fue el Faraón y reinó en la ciudad de Ninevé.

Por eso, cuando el profeta Yoná fue a Ninevé para profetizar que la ciudad sería destruida, el rey de Ninevé le creyó de inmediato, y decretó que todo su pueblo debía ayunar y arrepentirse de sus pecados. (Midrash Vayosha)

Pregunta

Nuestros Sabios dijeron que el tesoro que el pueblo de Israel recogió en el mar fue mucho más grande que el tesoro que el pueblo había sacado de Egipto (Berajot 9a). Y la pregunta que inmediatamente surge es: ¿De dónde tenían los egipcios toda esa riqueza que llevaron al mar, si antes de la salida de Egipto ya le habían dado al pueblo de Israel todos sus objetos de valor para apresurarlos (Shemot 12:33-36)?

Respuesta

El pueblo de Israel sólo se había llevado los objetos de valor de los egipcios, pero el Faraón aún conservaba todos sus tesoros imperiales.

Antes de salir a perseguir al pueblo de Israel, el Faraón abrió ante los egipcios todo el tesoro real y lo repartió a su pueblo, para motivarlo a salir a la guerra contra Israel. Él incluso adornó todos los caballos del ejército con joyas y piedras preciosas, y llenó los carros de guerra con mucha plata y oro.

Por eso los egipcios tenían toda esa riqueza cuando persiguieron a Israel dentro del mar. Y después de morir ahogados, el mar reflotó todos esos tesoros. (Rabí Eliahu Mizraji z”l, “el Reem”)

Pregunta

¿Quién estuvo presente en el gran evento de la partición del mar Rojo?

Respuesta

¡Nuestro Patriarca Yaacov! ¡Él mismo estuvo allí, pues se le hizo un milagro y resucitó!

El Midrash cuenta que cuando Yaacov debió bajar a Egipto, él sabía que en el “Pacto entre las partes”, Dios le había dicho a su abuelo Abraham que su descendencia sería esclavizada y torturada. Yaacov temió que él y sus hijos fueran asesinados en el duro exilio.

Le dijo el Santo, bendito sea: “No temas de bajar a Egipto, porque allí te convertiré en una gran nación” (Bereshit 46:3). Yaacov le respondió: “Temo no ameritar ser enterrado con mis antepasados, ​​y no poder ver la redención de mis hijos ni el milagro que Tú harás con ellos”. Le dijo Dios: “Yo descenderé contigo a Egipto, y también te haré subir” (Bereshit 46:4). Yo te subiré y te llevaré a la tumba de Abraham e Itzjak, y te traeré a las alturas para que veas la redención con tus propios ojos”.

Y ahora Dios despertó a nuestro patriarca Yaacov y le dijo: “¡Levántate y mira cómo tus hijos salen de Egipto y los milagros que hago con ellos!” Y llevó a la orilla del mar a Yaacov, quien vio con sus propios ojos todos los milagros (Zóhar Hakadosh).

Pregunta

¿Por qué los egipcios ameritaron ser enterrados después de que se ahogaron en las aguas del mar?

Respuesta

Dijeron nuestros Sabios, de bendita memoria: “El Santo, bendito sea, no priva de recompensa a ninguna de Sus criaturas” (Babá Kamá 38b). Los egipcios recibieron sepultura por tres razones: (a) Ellos honraron a Yaacov Avinu cuando este murió; todo el pueblo egipcio participo junto a Yosef de su funeral. (b) Todos los egipcios estuvieron de acuerdo cuando dijeron: “!Dios es el justo!” (véase Shemot 9:27). (c) Por medio de los egipcios el Nombre del Santo, bendito sea, fue santificado.

Pregunta

Los egipcios persiguieron a los israelitas en el mar, y allí Dios los ahogó.

Surge la pregunta: ¿En lugar de partir el mar, para que los egipcios entren y sean ahogados allí, por qué Dios no hizo que el agua del mar llegara con fuerza a la tierra seca y ahogara allí a los egipcios?

Respuesta

Explicó el Rab Jaím Kanievsky shelita: La Torá quiere enseñarnos que si a alguien le fue decretado morir, incluso “correrá” hacia su muerte, sin que Dios siquiera tenga que “perseguirlo”.

La salvación y la fe

Una mujer fue a pedirle al Admur de Belz zt”l que rezara por ella.

Le dijo el tzadik: “Lo más importante es creer en HaShem…”

Le respondió la mujer: “¡Rabí! En el Cántico del mar, la Torá primero dice: ‘HaShem salvó en aquel día a Israel de mano de los egipcios…’ (Shemot 14:30), y sólo después, en el versículo siguiente, dice que los israelitas ‘tuvieron fe en HaShem…’ ¡Si Dios hará conmigo una salvación sin duda tendré fe en Él!”

Comentó aquel justo: “Jamás alguien me ganó en una discusión de Torá, excepto esa mujer”.

¿Qué aprendió una simple mujer del libro de oraciones?

Una anécdota parecida se cuenta también sobre el tzadik Rabí Jaím Halbershtam de Tzanz zt”l.

A la habitación del Rebe de Tzanz zt”l entró una mujer dolorida, que comenzó a relatarle al Rabí sus amargos dolores y problemas. El Rabí intentó consolarla, como solía hacer, diciéndole: “Ten fe y Dios te salvará”.

“¡Santo Rabí!”, exclamó la mujer, “es cierto que soy una simple mujer, pero yo rezo todas las mañanas, y en mi libro de oraciones está escrito que Dios primero salvó a Israel en el mar Rojo, y sólo después dice que los judíos “creyeron en Dios” (en los versículos del Cántico del mar, tomados de Shemot cap. 14:30-31 y cap. 15).

Al escuchar las palabras de la sufrida mujer, el Rabí se levantó de su asiento y empezó a caminar de un lado a otro muy emocionado.

De repente se detuvo, dirigió su mirada a la mujer, y dijo: “¡Has hablado bien! ¡El Santo, bendito sea, primero tiene que salvar! ¡Y Su ayuda te llegará rápidamente!”

Luego comentó aquel justo: “Jamás alguien me ganó en una discusión de Torá, excepto esa mujer”.

¿Ver para creer?

Una vez le preguntaron a Rabí Itzjak Meir Alter zt”l, el primer Admur de Gur, autor del Jidushé HaRim:

Al referirse al hundimiento de los egipcios en el mar Rojo, la Torá dice: “Vio Israel el gran poder que Dios reveló contra Egipto, y temió el pueblo a Dios, y creyó en Dios y en Moshé Su servidor” (Shemot 14:31).

¿Por qué menciona expresamente que ellos creyeron entonces en Dios y en Moshé Su servidor?

La lógica indica que sólo cuando no se “ve”, cuando no hay una revelación Divina, es necesario aclarar si la persona cree o no. ¡Pero no es necesario aclarar eso cuando la persona “ve” claramente, como ocurrió en el mar Rojo!

Respondió el Rebe:

Tú te equivocas. Esta pregunta se despierta principalmente cuando se “ve”.

El gran poder que Dios revela en el mundo, ¿limita la fe o no la limita?

Sólo cuando se “ve” es que se comprende qué es la falta de fe, y sólo entonces es posible sentir cuánto se necesita la fe.

Pues sólo cuando hay una revelación Divina se puede despertar la fe en lo que es imposible ver con los ojos.

HAFTARÁ DEL SÉPTIMO DÍA DE PÉSAJ