Los hijos de Israel estaban ya en camino hacia la Tierra Prometida. Dios los conducía y los cuidaba: “Por orden de HaShem marchaba el pueblo de Israel, y por orden de HaShem acampaba” (Bamidbar 9:18).
Y he aquí, en vez de estar contentos por haber salido de la esclavitud y vivir sin problemas una vida de completa libertad, los hebreos comenzaron a añorar y ansiar la esclavitud egipcia…
En verdad, esa no fue la primera vez que se quejaron. Después del éxodo de Egipto, al ver que los egipcios los perseguían, una vez ellos ya habían olvidado todos los milagros grandiosos que vieron con sus propios ojos –las diez plagas, el cruce del mar Rojo, etc. –, y temieron y clamaron a Dios y a Moshé (Shemot 14:10-11).
Ahora, al olvidar nuevamente todos los milagros del desierto, ellos descendieron una vez más. Desde las alturas espirituales a las cuales se habían elevado, ellos llegaron a un pesimismo y descontento profundo. A pesar de haber probado aquel alimento Celestial llamado “maná”, volvieron a desear las cebollas y los ajos egipcios… (véase más adelante).
Es cierto que no es fácil cruzar un desierto lleno de escorpiones y serpientes, en medio de un calor agobiante. Pero en vez de reaccionar con madurez, viendo la meta ante ellos, los israelitas reaccionaron con palabras agresivas y quejas pesimistas, demostrando su fracaso…
Dice nuestra Parashá: “Y sucedió que el pueblo empezó a quejarse de su mala suerte…; oyó HaShem y se encolerizó, y ardió en ellos un Fuego de HaShem, y consumió el extremo del campamento” (Bamidbar 11:1).
Según Rashí, en su primer comentario sobre las palabras “el extremo del campamento”, aquellos rebeldes se encontraban en el nivel más bajo del pueblo. Pertenecían al érev rav, aquella mezcla de gente no hebrea que salió de Egipto junto con el pueblo de Israel. Ellos eran sólo “el extremo del campamento”, pero tenían influencia sobre todo el pueblo…
¿Cómo terminó este episodio? El fuego de Dios ardió entre ellos, y mucha gente murió. Además, si no fuera por este pecado, ¡en tres días ellos podrían haber entrado a Éretz Israel!
Esta primera crisis en el desierto terminó cuando el pueblo clamó a Moshé, y este rezó a Dios para que el fuego cesara (Bamidbar 11:2). Aquel fuego se extinguió, pero no se solucionó el problema de fondo. Tan sólo un par de versículos más adelante, somos testigos de una segunda rebeldía de los hebreos contra Dios:
“Y la gentuza que estaba en medio de ellos se dejó llevar por un deseo vehemente; y también los hijos de Israel lloraron, diciendo: ‘¿Quién nos dará de comer carne? ¡Recordamos el pescado que comíamos en Egipto gratuitamente; los pepinos, las sandías, el puerro, las cebollas y los ajos! ¡Y ahora nuestra alma está seca, sin nada; sólo hacia el maná se dirigen nuestros ojos!’” (Bamidbar 11:4-6).
Al leer estos versículos tenemos la sensación de que no concuerdan con la amarga realidad que el pueblo de Israel vivió en Egipto.
El Rambán (Rabí Moshé ben Najman) explica: Los pescadores egipcios se servían de ellos para recoger los peces de las redes y les daban parte del pescado, como acostumbran los dueños de las redes. Además, la tierra de Egipto era muy fértil. Los pepinos, las sandías, los puerros, las cebollas y los ajos eran muy abundantes allí. Al trabajar en las huertas y en el campo, los judíos comían esas verduras y frutos de la tierra (Shemot 1:11).
Sin embargo, ¿acaso no fueron esclavizados allí, debiendo trabajar con arcilla, ladrillos o haciendo toda clase de tareas en el campo? ¿Dónde quedó la amargura por el trabajo duro y las difíciles tareas? ¿Tan rápido olvidaron que sus hijos fueron arrojados despiadadamente a las aguas del Nilo?
Por el hecho de haber recibido “gratuitamente” pescado, pepinos, sandías, puerros, cebollas y ajos ellos hicieron todo este escándalo. De la comida se acordaron, pero del sufrimiento se olvidaron…
Citando el Midrash Sifrí, Rashí explica: “Es imposible decir que los egipcios les daban pescado gratuitamente. ¡Incluso paja ellos dejaron de darles!, como dice el versículo (Shemot 5:18). ¡¿Y si paja no les daban gratis, pescado sí les daban gratis?! ¿Cuál es entonces el significado de la palabra ‘gratuitamente’? ¡Sin mandamientos!”
Ellos fueron esclavizados cruelmente en Egipto, pero no tenían la obligación de cuidar las mitzvot. Estaban “libres” del cumplimiento de los preceptos.
Las leyes de la Torá constituyen una autolimitación en la vida del individuo y de la comunidad. La Torá regula la relación de la persona con su familia, y también con sus vecinos; reglamenta los días de reposo, la alimentación, la vestimenta, e incluso la conducta sexual. Ellos estaban acostumbrados a la esclavitud física impuesta, pero la autolimitación era algo que los oprimía y los molestaba mucho más. ¡No podían soportarla!
Y por eso comenzaron a añorar aquella antigua “libertad” egipcia, olvidando todo el terrible sufrimiento que vivieron… Esta es la causa y la razón de todas las quejas por el agua y el pan, por la carne, las verduras y el pescado que en Egipto comían gratuitamente. ¡Allí comían sin mandamientos! ¡Estaban “libres” de la Torá y las mitzvot!
Los hijos de Israel aún no habían comprendido que la Torá y los preceptos en realidad rectifican y enderezan el espíritu y el cuerpo de la persona. Ellos todavía no habían entendido que la voluntad Divina era formar una nación con un propósito y un objetivo elevado; crear una sociedad limpia, justa y humana; y convertirla en “un reino de sacerdotes y un pueblo santo”.