Al regresar a la Tierra de Israel, Yaacov Avinu envió emisarios para transmitirle un mensaje a su hermano Esav, antes de encontrarse con él: “Con Labán viví…” (Bereshit 32:5). Rashí explica qué es lo que Yaacov quiso decirle mediante estas primeras palabras: “Aunque viví con el malvado Labán, cuidé los 613 preceptos de la Torá, y nada aprendí de sus malas acciones”.
Preguntamos: ¿Acaso Yaacov cuidó todos los preceptos? Por ejemplo, sabemos que Esav continuó cumpliendo el precepto de honrar a sus padres; pero Yaacov no pudo hacer eso por estar fuera de Éretz Israel. Entonces, ¡¿cómo se puede decir que cumplió los 613 preceptos?!
La realidad es que nadie puede cumplir los 613 preceptos en su totalidad, porque todos no fueron dados por igual. Hay mandamientos que son solamente para los cohanim, los sacerdotes, y otros son sólo para los levitas. Algunos mandamientos se pueden cumplir en cualquier lugar del planeta, otros se pueden cumplir sólo en la Tierra de Israel. Algunos se pueden cumplir en cualquier tiempo y época, pero otros se pueden cumplir solamente cuando tenemos el Templo Sagrado.
Una vez, el Rambam hizo el siguiente comentario: ¿Cómo el hombre puede vivir en la Tierra sin cumplir los 613 preceptos? Es sabido que los preceptos son la vestimenta espiritual del alma. ¡Si no cumpliera todos los preceptos, estaría vestido con harapos!
Hay varias respuestas posibles para explicar cómo es posible cumplir toda la Torá.
Una de ellas es: por medio de la reencarnación. El alma puede volver a este mundo, reencarnándose todas las veces necesarias hasta cumplir todas las mitzvot de la Torá. Pero, en verdad, esto es muy arduo y dificultoso para el alma…
Sin embargo, con Su gran misericordia y amor por Sus hijos, Dios nos dio un buen consejo: “¿Quieres cumplir todas las mitzvot que establecí en la Torá? Hay otro camino, otra forma de cumplir todos los preceptos. ¡Cumple el mandamiento de amar al prójimo!”
¿Cómo esto funciona?
En esencia, todos los judíos somos una entidad inseparable, una unidad indivisible. Entonces, al estar totalmente unidos unos con otros, con nuestro pensamiento puesto en el bienestar de cada hermano, podemos ser socios fieles en el cumplimiento de las mitzvot de HaShem.
Rabí Akivá enseñó que el versículo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Vaikrá 19:18) es un Kelal gadol baTorá, es decir, una pauta general importante y fundamental en la Torá, para cumplir toda la Torá. Si lo ponemos en práctica, seremos amados y queridos ante Dios, y Él considerará como si cada uno de nosotros hubiera cumplido todas las enseñanzas y pautas de la Torá.
En base a esta explicación, podremos entender mejor las palabras del sabio Hilel en el Tratado de Shabat 31b.
Allí el Talmud cuenta que un gentil se acercó a hablar con el sabio Hilel, y le dijo que quería convertirse al judaísmo. Pero tenía un pedido especial, le puso una “condición”: sólo se convertiría si Hilel podría enseñarle toda la Torá en el tiempo que estuviera parado sobre un solo pie.
Al parecer, aquel converso fue iluminado por la inspiración Divina, y entendió que no hay persona que pueda cumplir todos los 613 preceptos, excepto a través de la resurrección de las almas. ¡Pero él no quería pasar por ese proceso tan difícil! No obstante, él si deseaba cumplir en esta vida con todas las normas de la Torá. Entonces le pidió al sabio Hilel que se le enseñara toda la Torá “mientras estuviera parado sobre un solo pie”, es decir, acá, en este mundo, sin necesidad de reencarnarse.
Hilel le enseñó: “Lo que no te gusta que te hagan a ti, no le hagas a tu prójimo”.
El sabio Hilel le quiso decir que de esa manera haría un pacto de amistad y sociedad con todos sus hermanos judíos, y todas las enseñanzas de la Torá se verían cumplidas.
Volviendo a nuestra parashá: Yaacov sabía que su hermano Esav lo odiaba. Pero él, por su parte, no le guardaba rencor y quería vivir en paz con Esav. Por eso, Yaacov consideró que al cumplir Esav la mitzvá de honrar a sus padres, él mismo también cumplió con dicho precepto.
Si el pueblo de Israel cumple los mandamientos de la Torá, ninguna nación puede vencerlo. Por eso Yaacov quiso informarle a su hermano Esav (que venía a pelear con él) que cumplió los 613 preceptos.
Y por si Esav le cuestionaba y reclamaba que no honró a sus padres como la Torá indica, Yaacov también mandó a decirle: “…y envié a anunciar a mi señor, para hallar gracia ante tus ojos” (Bereshit 32:6).
Yaacov le quiso decir: “No te odio, y quiero vivir contigo en paz. Por eso tengo parte en el cumplimiento del precepto de ‘Honrarás a tu padre y a tu madre’”.
Sin duda, todo lo explicado no exenta a nadie de cumplir todas las mitzvot que están a su alcance. Pero sí es una fuente de inspiración para reforzarnos en el cumplimiento de toda la Torá bajó el lema general de “amar al prójimo”.
¡Juntos cumplimos todos los preceptos de la Torá!